En halitosis, quien calla otorga

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Caterina V., de 38 años, directora de una sucursal bancaria, pide ayuda.

Hace poco tiempo supo que padecía halitosis. En el transcurso de un encuentro familiar para celebrar la Navidad, cogió en brazos a su sobrino de tres años para sentarlo en su regazo. Este protestó diciéndole que lo dejara porque “olía mal”. En ese momento ella se echó a reír, pensando que el niño le estaba gastando una broma. Unos meses más tarde, la familia se reunió de nuevo y la situación volvió a repetirse con el mismo sobrino. Catarina V. se volvió a reír pensando que se trababa de la misma broma. Mientras tanto, el resto de familiares permanecieron en silencio. Unos minutos más tarde, vio, por casualidad, cómo su hermana reprendía al niño en una habitación. Su hermana le explicaba que la tía “no tenía la culpa de oler así”. Fue entonces cuando abordó a su hermana con el asunto. Tras cierta actitud evasiva, esta acabó por confirmarle que padecía halitosis.

Cuando le preguntó a su marido, éste también se lo corroboró. Le explicó que ese fue motivo por el que meses atrás le había regalado un cepillo de dientes eléctrico. La paciente se sintió avergonzada e indignada. Cuenta que de inmediato le vinieron a la mente sus clientes, colegas, amigos y su jefa. Estos, sin duda, tenían que haberse dado cuenta de su halitosis durante todo este tiempo. Y ella sin saberlo. Ahora siente que su familia no la ayudó. Afirma que tenía derecho a que la advirtieran sobre su problema. Por eso, a Caterina V. le ha costado mucho perdonar su silencio.

Una parte de la sociedad aún discrimina a las personas con halitosis. Los familiares y amigos más próximos que no alertan a los pacientes, al ser preguntados por qué han adoptado esa postura, se defienden, alegando que el asunto es delicado y que no se sienten capaces de manifestarlo claramente. Sin embargo critican, siempre que lo consideran necesario, diversos aspectos de la apariencia física (como la fisionomía, el peinado o la ropa), otros asuntos de índole personal (como los gustos amorosos o los rasgos de la personalidad más negativos) y situaciones embarazosas dentro del contexto social (por ejemplo, el hecho de que alguien se manche la ropa durante una comida o que exhiba un pedazo de aceituna entre los dientes).

No obstante, en lo que respecta al aliento, admiten su pasividad. Les preocupa que advertir a la persona afectada sobre el problema sea interpretado como un juicio de valor sobre su grado de higiene bucal o como una constatación inútil de un problema que no tiene solución. Esto, evidentemente, provoca un impacto emocional en la vida del paciente.

Especialmente entre las clases sociales más acomodadas, además de los prejuicios mencionados, se evidencia un silencio disfrazado de una educación o cortesía exageradas, incluso entre los círculos familiares más íntimos.

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By | 2017-03-09T15:29:34+00:00 septiembre 22nd, 2016|Halitosis|1 Comment

About the Author:

Investigo el aliento humano, soy autor del reconocido protocolo HCP Arthyaga® para el diagnóstico y el tratamiento de la halitosis. Desde el año 2007 dirijo el equipo del Instituto del Aliento - Breath Research. Estoy comprometido con la labor de sensibilizar a la sociedad para que empecemos a hablar de la halitosis sin tabús.

One Comment

  1. […] si se trata de episodios esporádicos como si no, la información puede ayudar al paciente a descubrir el motivo de su halitosis. Normalmente, con un confidente es suficiente, sin embargo, en el caso de que exista una elevada […]

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